Hola:
Un adulto no debería tomar leche de origen animal. Leed esto:
La leche de vaca…es para los terneros!
Jueves, 23 de octubre de 2008
La leche se define como un “líquido segregado por las glándulas mamarias de las hembras de los mamíferos, destinado a la alimentación de sus crías hasta que éstas sean capaces de digerir otros alimentos”.
Por lo tanto, la naturaleza ha hecho que las madres produzcan el alimento perfecto para alimentar a sus hijos en un primer momento. Pasado un tiempo, variable en cada caso, todas las especies dejan de mamar…MENOS LOS HUMANOS!!!! Y además, somos la única especie que no sólo no deja de lactar, sino que cambia la leche de su propia especie por la leche que las vacas producen específicamente para alimentar a sus terneros.
La lógica, el sentido común y la confianza en la sabiduría de la naturaleza, nos tiene que hacer pensar que nosotros no tenemos las mismas necesidades que un ternero, y por tanto, ese alimento tan apropiado para que este animal crezca no es ese alimento tan apropiado para nosotros como la publicidad nos quiere hacer creer.
Cuando todos entendamos que NO ES NATURAL tomar leche de vaca, podremos entender la causa, o una de las causas, de muchas dolencias que actualmente nos rodean. Y hay multitud de estudios que así lo demuestran (más de 20 referencias bibliográficas, libros o artículos publicados en las mejores revistas científicas, a disposición de quien le interese).
Aunque lo mejor es poder comprobarlo. Durante dos años comentando asiduamente este tema entre compañeros de máster, casi todas las experiencias eran positivas, tanto comprobaciones en uno mismo o en familiares como en pacientes. Por citar un ejemplo, una compañera médico de familia ha conseguido reducir mucha medicación a sus pacientes con fibromialgia al retirar la leche y con otros pequeños cambios en la alimentación. Ahora tenemos claro que, al dejar la leche de vaca (sea entera, semi, desnatada o, incluso ecológica) muchas enfermedades pueden mejorar, sobre todo alergias, asma, bronquitis, enfermedades de garganta, nariz y oídos, enfermedades digestivas e intestinales como gases, estreñimiento, colon irritable, etc., enfermedades reumáticas, autoinmunes, y más… Porque, a mi modo de ver, una buena terapia es la que corrige la causa de la enfermedad, no la que intenta tapar sus síntomas.
Hay que tener claro que, en la sociedad en la que vivimos, la alimentación es el “factor controlable por uno mismo” que más influye en la
salud. (Esto es así sólo en humanos, claro, porque los animales criados intensivamente no pueden elegir su alimento y así, por ejemplo, a las vacas, herbívoras por naturaleza, cuando las alimentaron con piensos animales consiguieron volverlas locas; y ahora que comen piensos vegetales pero transgénicos, están aún por verse los efectos en su
salud y en la de los que de ellas se alimentan… )
Este es el primero de una serie de posts que tratarán de los diversos componentes de la leche de vaca y de sus repercusiones en la
salud. Una de las principales fuentes a la hora de elaborarlos es el libro “El equilibrio a través de la alimentación”, de Olga Cuevas.
LA LECHE DE VACA Y EL CALCIO
Ante el miedo general de las mujeres a tener falta de calcio si no toman leche (lógica consecuencia del bombardeo de la publicidad, o a veces por consejo de su médico), es fundamental empezar por advertir que no importa tanto el calcio que ingerimos, sino que lo importante es, por una parte, que el calcio que ingerimos sea bien aprovechado por el cuerpo, y por otra parte, aún más importante, evitar las pérdidas del calcio ya asimilado.
En este sentido, el calcio de los lácteos NO es un buen calcio.
Estados Unidos, el mayor consumidor a nivel mundial de lácteos, es el país con mayor incidencia de osteoporosis entre su población. Sin embargo, en los países orientales, que nunca han sido consumidores de lácteos, apenas existe osteoporosis. Un extenso estudio hecho en China y Taiwán demuestra el efecto desmineralizante de la leche animal. Las causas son, sobre todo, la acidez transitoria provocada por la excesiva ingestión de proteínas lácteas que puede inducir al organismo a recurrir a los minerales del hueso para regular su pH, es decir, que nos hace perder calcio; y por otro lado, que la asimilación del calcio es buena cuando se ingiere en una proporción 2:1 con respecto al fósforo y al magnesio, y los lácteos presentan unos niveles demasiado altos de fósforo y demasiado bajos de magnesio, por lo que el calcio no será bien absorbido.
Con una alimentación sana y variada no tendremos problema para conseguir la cantidad de calcio necesaria. Por ejemplo, 300 mg de calcio los encontramos en:
1 plato de garbanzos o judías
1 plato de verduras (col, brecol, repollo, nabizas, etc…) o de alfalfa germinada
4 puerros
1 plato de sopa de algas
2 vasos de bebida de soja
50 g de almendras o avellanas
200g de pistachos o cacahuetes
10g de higos secos
50g de semillas de sésamo
60g de tofu
Y para sustituir la leche de vaca, ya sabemos que existe la leche de soja, pero también otras leches vegetales como la de avena, de arroz, de almendras, de castañas, de quínoa, avellanas…
En niños pequeños no es recomendable la leche de soja, pero sí el resto de leches vegetales.
Dentro de las leches de soja, unas marcas están más ricas que otras, como en todo. Muchas de las personas que me comentan que no les gusta la leche de soja, suele ser porque sólo han probado una (en la mayoría de los casos la Vivesoy, que también para mi gusto es la menos rica). Las diversas leches vegetales serán tema de otro post, ya que tienen propiedades distintas y unas serán más adecuadas que otras según cada caso.
Por tanto, lo más recomendable es eliminar totalmente los lácteos si se padece alguna enfermedad de las anteriormente mencionadas (mínimo durante un mes para poder comprobar los resultados), o sino, retirar la leche pero mantener un yogur diario o un poco de queso, poco, muy de vez en cuando.
Podéis estar seguros de que podemos alimentarnos perfectamente y sin tener carencias de ningún tipo prescindiendo de los lácteos. Otra cosa es que las grandes industrias agroalimentarias mundiales tengan tanto poder que consigan que ciertos estamentos que tendrían la facultad de mejorar la
salud pública hagan la vista gorda ante muchas situaciones o investigaciones. Y por lo tanto, tarde o nunca podremos tener confirmaciones oficiales con respecto a muchos temas en alimentación. La buena noticia es que cada vez somos más los que sabemos que tomar leche de vaca no es bueno, y lo comprobamos, y lo que es más importante, los pacientes lo comprueban.
Noa Vázquez Rendal Asesora dietética
Licenciada en Biología y en Ciencia y Tecnología de los alimentos. Master en Medicina Natural. Curso de Nutrición aplicada en la EMAC de Oporto.